¿Quién despertó a China?
““La mayor parte de mi vida he padecido hambre”… pero ahora cultiva más comida de la que puede comer. Al igual que su país, Du Chenglan, de 82 años, ha empezado a probar la abundancia, y disfruta el cambio.”
Estas palabras al pie de una de las fotos del interior del National Geographic que circula estos días me hicieron recordar lo que hace algunos años escuchaba a manera de reclamo de un amigo ambientalista: “¿quién despertó a China?”, frase que desde hace varias décadas se oye insistentemente en todos lados sobre este subcontinente, haciendo referencia a que por el bien de todos -aunque no se tenía certeza del porqué- el gigante asiático debía mantenerse dormido. Pues ya no lo está, se despertó, no enojado pero sí hambriento.
La cantidad de gente que habita este país es inmensa: aproximadamente hay 13 chinos por cada mexicano, ¡13!
Dicho de otra manera, por cada paisano que se llame, digamos, Manuel Posada, hay un
a) Wu Qizhi,
b) Fan Dexin,
c) Tang Wenqiang,
d) Jin Zhaolu,
e) Yang Xin,
f) Liu Zhenping,
g) Wang Zhuo,
h) Wang Jie,
i) Ma Wenze,
j) Lobsang Gonpo,
k) Song Xiaomeng,
l) Li Wei y
m) Luo Jun, chinos.
Y por cada que Manuel Posada come, allá comen 13 personas; por cada que Manuel Posada va al baño, hay 13 chinos que van al baño; por cada que Manuel Posada se transporta en cualquier medio, hay 13 chinos que se trasportan en cualquier medio.
La preocupación de mi amigo radica en que el crecimiento económico de este país supera el 10% anual desde hace tres décadas y seguirá así durante un buen rato; siendo este dato reconfortante para políticos y economistas, no lo es para medioambientalistas. Crecer económicamente implica desgastar recursos depredando la naturaleza, consumir más y desde luego, contaminar (¿de dónde salen los muebles, los automóviles, la gasolina?). Este año, China superó a los Estados unidos como el mayor emisor de CO2 a la atmósfera, principal gas de efecto invernadero causante del calentamiento global. Prácticamente todos los ríos chinos están contaminados de manera alarmante, los bosques son devastados rápidamente y basta con ver imágenes de Pekín para saber que sufre una contaminación atmosférica peor que cualquiera de nuestras ciudades. Por esta razón, varias delegaciones de atletas en los próximos juegos olímpicos no harán campamento previo en esta ciudad, únicamente se desplazarán los días que les toque competir.
¿A dónde van los chinos con tal consumismo desmedido y, aparentemente, sin freno? Curiosamente, a aspirar lo mismo que nosotros o cualquier otro habitante del planeta: vivir mejor.
Los mexicanos ya depredamos buena parte de nuestros ecosistemas (y seguimos haciéndolo), y por esta razón gozamos de un cierto nivel de vida; qué decir de los gringos o los europeos o de cualquier otro país que ha hecho lo propio en sus respectivos países y en países ajenos. Los chinos prácticamente no lo habían hecho y por tal razón, como lo insinúa la anciana Du Chenglan del inicio, el nivel de vida rozaba lo infrahumano en gran parte de la población. Aún China tiene 400 millones de pobres, pero esta cifra se sigue reduciendo, y los ricos, son ricos de verdad en cantidad y en calidad, cosa que hasta hace unos 20 años era insospechado.
Este país que vio nacer la pólvora, el papel y la brújula, está consumiendo sus recursos a costa de vivir mejor, y por simple igualdad, es justificable. ¿De qué privilegio gozamos nosotros, dentro de los 50 millones de mexicanos que sí lo pueden hacer, de disfrutar unas vacaciones en alguna playa, respecto de los 800 millones de chinos que también se encuentran en posibilidades similares? ¿Sólo uno puede quemar gasolina para transportarse, comer bien, comprar ropa apropiada? No, todos aspiramos y merecemos una buena calidad de vida.
El problema del desastre ecológico mundial habrá que atacarlo desde otro lado y no reprochando la necesidad a la que aspira la gente a vivir mejor. A mi parecer, desde dos vertientes: a) producir energía sin necesidad de la quema de combustibles fósiles, y b) reducir (a la par en todo el mundo y no solamente en China) la población mundial.
Saludos, Manuel.

Meneame
del.icio.us
Heredero sentimental y de las alturas del gran Santos Dumont, el sacerdote brasileño se amarró a mil globos de gas para elevarse y, tal vez, alcanzar el cielo, no el metafórico como dice la iglesia católica, sino el real como lo consiguió Ícaro.


Dos instituciones de carácter nacional han tenido un año para el olvido, siniestro que ni el más osado de los adivinos hubiera imaginado o leído en su carta astral a principios de este 2008. Las dos instituciones se envuelven en el mismo color, arropándose bajo las banderas amarillas que ondean, unas, en el Zócalo o donde Andrés Manuel dirija la estrategia a seguir para la batalla contra la privatización de Pémex, las otras, en las tribunas del que en otros tiempos era derrota segura para cualquier equipo visitante: el Estadio Azteca. Parece que es una maldita suerte vestirse de amarillo en estas épocas, siendo que las dos organizaciones enfrentan los problemas más graves desde que se fundaron. Pero curiosamente, entre el PRD y el equipo América, aunque sus “giros” son completamente distintos, hallamos características (¿éticas?) antagónicas... y una que otra similitud.

Mi sufragio es por Obama (si pudiera votar)